Emergencia roja: cuando la solidaridad no puede sustituir a las políticas públicas.
Por Dr. Gabriel Cartagena Sanguinetti. Abogado. Asp. Docente en Facultad de Derecho en Udelar. Socio en Estudio Jurídico Notarial Contable Hnos Cartagena Sanguinetti.
La emergencia roja vuelve a mostrar una realidad que preocupa cada invierno: más personas viviendo en la calle y un sistema que parece llegar siempre tarde. En Salto la situación es cada vez más visible en el Centro y zona este principalmente. Crecen los asentamientos, aumenta la exclusión y también la sensación de que las respuestas siguen siendo apenas temporales.
La sociedad salteña demuestra solidaridad y hay gente trabajando día a día para colaborar. Los vecinos ayudan, acercan abrigo y llaman al 911 para asistir a quienes pasan frío. Pero también existe una verdad que muchos sienten y pocos dicen: nadie quiere una persona durmiendo frente a su casa o comercio. No por falta de humanidad, sino porque el deterioro social genera preocupación, inseguridad e impotencia.
El problema no se resuelve solamente abriendo refugios por algunos días. La verdadera discusión debería comenzar antes: falta trabajo, faltan oportunidades, falta atención seria en salud mental y recuperación de adicciones. Y mientras tanto, cada vez más familias terminan viviendo en condiciones precarias y nuestras autoridades sacándose fotos o haciendo videos en forma permanente en vez de gobernar.
La emergencia roja salva vidas, y eso es fundamental. Pero un país no puede acostumbrarse a vivir eternamente en emergencia. Porque cuando la asistencia urgente sustituye a las políticas públicas de fondo, el problema simplemente se traslada de invierno en invierno.
Ayudar sigue siendo necesario. Pero también es momento de exigir soluciones reales y sostenibles para que menos uruguayos terminen en la calle y más familias puedan vivir con dignidad.
