El frío enferma? La verdad detrás del mito que todos repetimos
Dr. Matías Rocha
Consejero Norte CMU
Todos los años, con la llegada del frío, se repite un mismo escenario en buena parte de la población, sin distinción de edad. Aumentan las consultas por síntomas respiratorios que se vuelven protagonistas en esta época, tos, “congestión”, fiebre y malestar general. Se escucha con frecuencia “me engripé por el frío”.
Aumentan las consultas por infecciones respiratorias altas, entre las más frecuentes están la gripe, la faringitis, la laringitis, la sinusitis o la otitis media. Son, en su gran mayoría, de origen viral. Entre los responsables más comunes se encuentran los rinovirus, los coronavirus estacionales, el virus influenza y el virus sincicial respiratorio.
Sin embargo, hay una creencia de que el frío transmite las infecciones respiratorias altas, pero por sí solo, no enferma. La idea de que “salir sin abrigo provoca gripe” está muy instalada, pero no es del todo correcta. Estas infecciones no dependen de la temperatura, sino del contacto con el virus.
Entonces, ¿por qué son más frecuentes en invierno? La explicación está en los cambios de hábitos que acompañan a esta época del año. Pasamos más tiempo en ambientes cerrados, con menor ventilación y en contacto cercano con otras personas, lo que facilita la transmisión de virus respiratorios. A esto se suma que el aire frío y seco puede afectar las defensas naturales de la mucosa nasal, aumentando la susceptibilidad.
En definitiva, el frío no es la causa directa, pero sí genera las condiciones ideales para que los virus circulen con mayor facilidad. Entender esto permite enfocarse en las medidas realmente efectivas para prevenir que son: ventilar los espacios, mantener una buena higiene de manos y evitar el contacto cercano cuando hay síntomas y siendo recomendable el uso del tapabocas.
No todos los cuadros de infecciones respiratorias son iguales ni tienen la misma gravedad. En la mayoría de los casos, especialmente en la población general, se trata de procesos leves y autolimitados, que se resuelven en pocos días. Los síntomas más frecuentes incluyen congestión nasal, dolor de garganta y tos, a veces acompañados de malestar general o fiebre.
El problema es cuando aparecen signos que deben llamar la atención.
Fiebre persistente, dificultad para respirar, decaimiento marcado, dolor en el pecho o síntomas que no mejoran después de varios días son señales de alerta. En niños pequeños, personas mayores o pacientes con enfermedades crónicas, estos cuadros pueden evolucionar más rápidamente y requieren Atención de Urgencia.
Un aspecto muy frecuente es la automedicación, especialmente el uso de antibióticos. Estos medicamentos no tienen efecto contra los virus, que son la causa más común de estas infecciones. Por lo tanto, no sólo no ayudan en estos casos, sino que también pueden provocar efectos adversos y contribuir a un problema global creciente a la resistencia bacteriana.
¿Y qué podemos hacer para prevenirlas?
La respuesta está en medidas simples, pero muy efectivas. Ventilar los ambientes, incluso en días fríos, es clave: los virus respiratorios pueden permanecer en el aire en pequeñas partículas durante un tiempo, especialmente en espacios cerrados y poco ventilados. Mantener una buena circulación de aire reduce ese riesgo.
También es fundamental el lavado frecuente de manos, ya que muchos virus pueden depositarse en superficies y luego ingresar al organismo al tocarse la cara. Evitar el contacto cercano cuando se tienen síntomas sobre todo en distancias cortas, donde las gotas respiratorias se transmiten con mayor facilidad ayuda a cortar la cadena de contagio. Cubrirse al toser o estornudar completa este conjunto de medidas básicas.
El invierno no tiene por qué ser sinónimo de enfermedad. Sí es, en cambio, una época que nos exige ser más conscientes. Entender cómo se transmiten estas infecciones, incorporar medidas simples y saber cuándo consultar permite atravesar los meses fríos con menos complicaciones. Cuidarse uno también es cuidar a los demás.
