𝘾𝙊𝙇𝙐𝙈𝙉𝘼 𝘿𝙀𝙇 𝘿𝙄𝙋𝙐𝙏𝘼𝘿𝙊 𝘿𝙍. 𝙃𝙊𝙍𝘼𝘾𝙄𝙊 𝙙𝙚 𝘽𝙍𝙐𝙈 𝙀𝙉 𝙍𝘼𝘿𝙄𝙊 𝙏𝘼𝘽𝘼𝙍É
Hay decisiones que, cuando se las pone una al lado de la otra, revelan contradicciones profundas.
Porque una cosa es discutir la creación de una Universidad de la Educación de acuerdo al proyecto que envió el gobierno, luego de 8 meses de tener un proyecto pronto y publicado al que le agregaron todo tipo de cargos nuevos.
Otra cosa muy distinta es discutirlo al mismo tiempo que se cierran oportunidades concretas de formación docente en el interior.
Hoy estamos ante ese contraste.
Por un lado, se impulsa un proyecto de ley que crea una nueva universidad.
Una institución compleja, con rector, consejos, institutos, estructuras académicas, administrativas, órganos de cogobierno…
Una arquitectura completa.
El proyecto no dice cuántos cargos crea.
Pero todos sabemos lo que implica:
decenas de cargos en el arranque,
cientos a medida que la estructura se despliega. Se pueden imaginar que no serán cargos de salario mínimo…
Una universidad no es solo una idea.
Es una maquinaria institucional.
Ahora bien.
Mientras se diseña esa estructura a futuro,
en Salto se toma una decisión muy concreta:
se cierra la carrera de Maestro Técnico.
Y ahí es donde aparece la pregunta incómoda.
¿Qué modelo educativo estamos construyendo?
Porque una cosa es hablar de autonomía universitaria,
de cogobierno,
de investigación,
de posgrados…
Y otra muy distinta es garantizar que un joven de Salto pueda formarse como docente técnico sin tener que irse del departamento.
Ahí no estamos hablando de estructuras.
Estamos hablando de personas.
De trayectorias de vida.
De oportunidades reales.
El contraste es difícil de explicar.
Mientras se proyecta una universidad con múltiples niveles de gobierno,
se reduce la oferta formativa en el territorio.
Mientras se habilita una expansión institucional que va a requerir recursos crecientes,
se restringe una carrera concreta, con impacto directo en la educación técnica.
Y entonces la discusión deja de ser teórica.
Pasa a ser muy concreta.
¿Dónde ponemos las prioridades?
Porque si el objetivo es mejorar la formación docente,
la primera pregunta no debería ser cuántos órganos de gobierno tiene la institución.
Debería ser:
¿Dónde están los estudiantes?
¿Dónde están las necesidades del sistema educativo?
¿Dónde faltan docentes?
Y en el caso de la educación técnica,
esa necesidad es evidente.
Cerrar la formación de Maestro Técnico en un departamento como Salto
no es una decisión neutra.
Es una señal.
Una señal de centralización.
Una señal de desconexión entre el diseño institucional y la realidad territorial.
Porque las grandes reformas educativas tienen sentido cuando ordenan el sistema.
Pero pierden sentido cuando, en el camino,
empiezan a debilitar lo que ya funciona.
Aquí hay un riesgo claro.
Que estemos construyendo una universidad en el papel,
mientras en el territorio se achican las oportunidades.
Que discutamos estructuras,
mientras los estudiantes pierden opciones.
Que hablemos de futuro,
pero tomemos decisiones que afectan el presente.
Y en educación,
el presente importa.
Porque cada cohorte que pierde una oportunidad,
no vuelve.
Cada estudiante que no puede acceder,
queda afuera.
Cada carrera que se cierra,
deja un vacío.
Por eso, la discusión no es universidad sí o universidad no.
La discusión es otra.
Si esta universidad que se propone
va a ampliar oportunidades
o si, en los hechos,
las está reduciendo.
Si va a fortalecer la formación docente en todo el país,
o si va a concentrarla.
Si va a mejorar el sistema,
o si va a generar una nueva estructura
mientras se debilitan las existentes.
Porque hay una frase que resume bien este momento:
No alcanza con crear instituciones.
Hay que sostener las oportunidades.
Y hoy, en Salto,
esa es la verdadera discusión.
