𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝟭𝟵𝟬 𝗔Ñ𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗢 𝗡𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡𝗔𝗟 𝗬 𝗘𝗟 𝗗𝗜𝗦𝗖𝗨𝗥𝗦𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗨𝗜𝗦
𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝟭𝟵𝟬 𝗔Ñ𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗢 𝗡𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡𝗔𝗟 𝗬 𝗘𝗟 𝗗𝗜𝗦𝗖𝗨𝗥𝗦𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗨𝗜𝗦
He leído en estas horas muchos análisis sobre el discurso de Luis Lacalle Pou.
Algunos buscando giros ideológicos. Otros intentando determinar cuánto tuvo de liberal, de herrerista, de wilsonista, de centrista o hasta de “frenteamplista”. También están quienes pretenden encontrar en cada frase una definición electoral o una señal sobre el futuro.
Está bien.
Cada uno analiza desde el lugar que ocupa.
Pero quizás algunos están olvidando lo más elemental: qué se estaba celebrando, quién estaba hablando y a quién le estaba hablando.
Los blancos fuimos a festejar los 190 años de nuestro viejo Partido Nacional.
Fuimos a encontrarnos entre nosotros, a celebrar una historia que empezó muchísimo antes que cualquiera de nosotros y que seguramente continuará cuando ninguno esté.
Y fuimos a escuchar a uno de los nuestros.
A nuestro líder. A nuestro expresidente. A un militante blanco que ese domingo habló como dirigente político, pero también como alguien que recibió una divisa y conoce el peso de llevarla.
Luis habló para todo aquel que quisiera escucharlo, por supuesto.
Pero habló desde el Partido Nacional y, fundamentalmente, le habló a los blancos.
Y dijo cosas que quizás expliquen mucho mejor su mensaje que todos los análisis posteriores:
“Si la política es más lenta que las necesidades de la gente, no es la gente la que tiene que frenar, es la política la que tiene que apurarse en dar soluciones.”
“Si no podemos resolver las cosas a la gente, por lo menos tengámosle respeto. Y esto no significa callarse la boca. ¿Desde cuándo un blanco se calla la boca?”
“Firme con las ideas y suave con las personas. Porque siempre que alguien no puede sostener sus ideas, o que no las quiere o que no las sabe expresar, recurre al agravio.”
Habló también de defender las ideas:
“Nosotros somos esencialmente cuerpo, intelecto, corazón y somos ideas. Y eso lo tenemos que defender.”
Pero inmediatamente recordó que la política no sucede en los libros, sino entre personas:
“La unión es como concebir nuestro país: en una policlínica de barrio, cuando se necesita una silla odontológica o que llegue la ambulancia o los remedios, ahí está el pueblo unido, de ese pago, de ese barrio, que son blancos, colorados, frenteamplistas, del Partido Independiente y orejanos.”
Y dejó otra definición que vale especialmente en estos tiempos:
“No hay que curar heridas, hay que no lastimar.”
También habló de libertad. Y probablemente allí esté una de las frases que más discusión generó:
“Me he vuelto cada vez menos ortodoxo. Que no quiere decir que mis valores y principios los ande cambiando según conveniencia, pero en la práctica soy cada vez menos ortodoxo. Porque qué lindo ser ortodoxo y hablar de libertad cuando alguien no tiene laburo, no tiene casa, no tiene salud y no puede criar a sus hijos.”
Cada uno podrá compartirla, discutirla o interpretarla como quiera.
Yo encontré o re descubrí allí algo profundamente blanco: entender que las ideas importan, pero que la política tiene sentido cuando consigue transformar la realidad concreta de las personas.
Y también encontré algo profundamente vinculado con nuestra historia cuando Luis dice:
“No se puede gobernar un país si no se conoce.”
Porque conocer el Uruguay no es solamente conocer Montevideo.
Es recorrerlo.
Es conocer nuestros departamentos, nuestros pueblos, los barrios, la campaña y ese Uruguay profundo que durante demasiados momentos de nuestra historia sintió que las decisiones se tomaban muy lejos.
Por eso muchos blancos del interior vivimos especialmente aquellos cinco años.
Las rutas, los puentes, las escuelas, los liceos, las obras y la presencia permanente de un Presidente recorriendo el territorio fueron también una manera de decirnos: acá también está el Uruguay.
Y quizás por eso aquella otra frase resume bastante bien una determinada manera de ejercer el liderazgo:
“No se puede ejercer bien el poder si antes no se tiene autoridad. Y esa autoridad intelectual, afectiva, no se construye de un día para el otro: es una construcción casi imperceptible.”
Habrá tiempo para analizar el gobierno de Lacalle Pou.
Habrá tiempo para discutir sus aciertos, sus errores y hasta sus contradicciones.
También habrá tiempo para discutir el futuro del Partido Nacional.
Pero en este domingo 9 de Agosto, frente al Directorio del PARTIDO NACIONAL no fuimos a un seminario ideológico ni a escuchar la presentación de un programa de gobierno.
Fuimos a un aniversario.
Al aniversario número 190 de un Partido que atravesó revoluciones, guerras civiles, persecuciones, derrotas electorales, dictaduras, victorias y gobiernos, y que después de casi dos siglos todavía consigue que generaciones distintas se reúnan debajo de una misma bandera.
Fuimos a encontrarnos entre blancos.
Fuimos a recordar de dónde venimos.
Fuimos a festejar a nuestro viejo Partido Nacional.
Y fuimos a recibir y escuchar a nuestro líder, a nuestro Presidente, a Luis.
Los demás tienen todo el derecho a analizarlo.
Nosotros también tenemos derecho a sentirlo.
Porque quizás para entender verdaderamente lo que significó para nosotros los blancos este domingo 9 de Agosto no alcance con analizar las palabras.
Hay que entender lo que significa una divisa.
Y Luis eligió terminar recordando una vieja canción blanca:
“𝗕Ó𝗥𝗗𝗘𝗡𝗠𝗘 𝗨𝗡𝗔 𝗗𝗜𝗩𝗜𝗦𝗔 𝗤𝗨𝗘 𝗦𝗘𝗔 𝗕𝗜𝗘𝗡 𝗕𝗟𝗔𝗡𝗖𝗔, 𝗤𝗨𝗘 𝗗𝗜𝗚𝗔 𝗣𝗢𝗥 𝗟𝗔 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗔 𝗖𝗢𝗡 𝗟𝗘𝗧𝗥𝗔𝗦 𝗔𝗡𝗖𝗛𝗔𝗦.” ⚪️🔵
𝘋𝘳. 𝘌𝘯𝘻𝘰 𝘔𝘰𝘭𝘪𝘯𝘢 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘩𝘪𝘯𝘪

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *