Una vianda caliente es mucho más que alimento: es sentirse visto, escuchado y acompañado.

Mi nombre es Nazareno, pero todos me conocen como Nacho. Tengo 23 años y todos los días cocino viandas con mucho esfuerzo y dedicación, creyendo que la comida hecha con amor puede cambiar un poco el día de alguien.
Los lunes por la noche ese mismo amor se transforma en una campaña solidaria: salimos a la calle a entregar viandas a personas en situación de calle, no solo para ofrecer un plato de comida, sino también un momento de compañía, respeto y humanidad.
Porque a veces una vianda caliente es mucho más que alimento: es sentirse visto, escuchado y acompañado.

Este proyecto crece gracias a la solidaridad. Si sentís ganas de ayudar, colaborar o simplemente ser parte, cualquier aporte suma y hace la diferencia. Entre todos podemos llevar un poco de abrigo al cuerpo y al alma.

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *