Inteligencia Artificial en imágenes y videos: desafíos al inicio de un nuevo año lectivo.
Por Dr. Gabriel Cartagena Sanguinetti. Abogado. Asp. Docente en Facultad de Derecho.
El comienzo de un nuevo año lectivo en este 2026 no solo renueva mochilas, cuadernos y expectativas; también nos enfrenta a una realidad tecnológica cada vez más compleja. La utilización de herramientas de Inteligencia Artificial para generar imágenes y videos —capaces de simular rostros, voces y situaciones con sorprendente realismo— plantea interrogantes jurídicos, éticos y educativos que no podemos ignorar.
Hoy cualquier estudiante, con un teléfono móvil, puede crear contenidos audiovisuales que aparentan ser reales. Los denominados “deepfakes” pueden colocar palabras en boca de docentes, directores o compañeros que nunca fueron pronunciadas. Esto no es ciencia ficción: es una realidad cotidiana que impacta directamente en la convivencia escolar y en la reputación de las personas.
Desde el punto de vista jurídico, el uso indebido de imágenes y datos personales se encuentra regulado en nuestro país por la Ley Nº 18.331 de Protección de Datos Personales. La captación, tratamiento y difusión de imágenes identificables requiere consentimiento y finalidad legítima. Cuando se manipulan contenidos para ridiculizar, acosar o desinformar, pueden configurarse responsabilidades civiles e incluso penales.
Pero el desafío no es solo sancionatorio. La escuela y el liceo deben convertirse en espacios de alfabetización digital real. Enseñar a distinguir entre contenido auténtico y contenido generado artificialmente es hoy tan importante como enseñar a leer y escribir. La educación debe incorporar una mirada crítica sobre la tecnología: comprender cómo funciona, cuáles son sus límites y cuáles son sus riesgos.
No se trata de demonizar la Inteligencia Artificial. Bien utilizada, puede ser una herramienta extraordinaria para el aprendizaje, la creatividad y la inclusión. Puede generar recursos didácticos personalizados, facilitar la accesibilidad y estimular nuevas formas de expresión. El problema no es la herramienta, sino el uso irresponsable o malicioso.
En este inicio de año lectivo, el llamado es claro: familias, docentes y estudiantes deben asumir una corresponsabilidad digital. La tecnología no reemplaza valores como el respeto, la honestidad y la empatía. La formación ciudadana en la era digital exige conciencia jurídica y ética.
La Inteligencia Artificial llegó para quedarse. Depende de nosotros decidir si será una aliada de la educación o un factor de conflicto. La respuesta comienza en cada aula, en cada hogar y en cada acto responsable frente a una pantalla. GECS
