El anuncio del gobierno sobre cambios en el mecanismo de devolución de aportes al Fonasa generó inquietud en miles de trabajadores y jubilados en todo el país, y Salto no es la excepción. En el interior, donde cada ingreso se administra con mayor cautela, las modificaciones en reglas ya conocidas impactan de forma directa en la economía familiar.
El Fonasa fue una creación de los gobiernos del Frente Amplio, impulsada políticamente por Danilo Astori como parte central de la reforma del sistema de salud. Su diseño original se apoyó en principios claros: solidaridad, proporcionalidad y topes definidos que evitaban cargas excesivas sobre los aportantes. Ese fue el discurso fundacional que le dio legitimidad social y respaldo ciudadano.
Sin embargo, hoy ese mismo espacio político impulsa una modificación que, en los hechos, implica aumentar la carga efectiva del aporte. La nueva metodología para calcular el Costo Promedio Equivalente (CPE) eleva los topes anuales y hará que, a partir de 2027, muchos trabajadores y jubilados dejen de recibir la devolución del Fonasa o perciban montos sensiblemente menores. No se trata de un aumento salarial ni de una mejora en la capacidad contributiva, sino de un cambio de criterio que funciona como un incremento indirecto del impuesto.
Aquí se vuelve inevitable señalar la contradicción discursiva: se defiende públicamente el carácter solidario del sistema, pero se ajusta por la vía silenciosa del tope, afectando a quienes cumplen regularmente con sus aportes. La sostenibilidad fiscal es necesaria, pero no puede construirse desdibujando los principios que dieron origen al propio sistema.
En departamentos como Salto, donde los salarios promedio son inferiores a los de Montevideo y el impacto de las decisiones nacionales se siente con mayor fuerza, la previsibilidad no es un lujo, es una necesidad. El ciudadano del interior necesita reglas claras y estables para confiar en el Estado.
El Batllismo enseñó que el Estado social se legitima no solo por sus fines, sino por la coherencia entre discurso y acción. Cuidar el Fonasa implica cuidar esa coherencia, porque cuando el relato y la práctica se separan, la confianza se resiente. Y sin confianza, ningún sistema público puede sostenerse en el tiempo.
Gabriel Cartagena Sanguinetti
Abogado. Asp. Docente en Facultad Derecho. Udelar.

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