Está columna es para reflejar la felicidad de Míriam y Julio dónde hay celebraciones que se sienten distintas desde el primer momento. No por la música, ni por la decoración, ni siquiera por la fiesta en sí, sino por la emoción que flota en el aire y que todos perciben sin necesidad de explicaciones. Así fue el casamiento de Julio y y mi madre Miriam.
Después de tantos caminos recorridos, de historias vividas y de sueños que supieron madurar con el tiempo, decidieron dar este paso juntos. Y hacerlo rodeados de quienes los quieren fue, sin dudas, el mejor comienzo para esta nueva etapa de sus vidas.
Se los vio felices, cómplices, emocionados. Con esa serenidad que sólo trae el amor cuando ya ha demostrado ser verdadero. A su lado, estuvo Celeste y yo acompañando con cariño, y seguramente el abuelo Nelson compartiendo la alegría de ver a su familia celebrar un momento tan especial.
Para los amigos y familiares que tuvimos el privilegio de estar allí, fue mucho más que una fiesta. Fue una noche hermosa, llena de abrazos largos, risas sinceras y brindis que nacían del corazón. Una noche de esas que nos recuerdan lo importante: el amor, la compañía y la alegría de compartir la vida con quienes elegimos.
Julio y Miriam comienzan una etapa nueva. Y quienes los queremos celebramos con ellos, agradecidos de haber sido parte de un momento que quedará guardado para siempre en la memoria y en el corazón. 💛. Martin Cabrera. Director.

